¿Quién es Alan Moore? Cuando el agente no le importa a (casi) nadie

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Alan Moore firmando en mayo de 2005.

Esta historia empieza tan un chiste, se torna en un drama y acaba… Pero empecemos por el principio, por el chiste. Hace unos días, el inefable Damon Lindelof, ese al que se le pasivo ‘Lost’ y ‘The Leftovers’, inconveniente tambien el infame guion de ‘Prometheus’, le mandaba una carta abierta a los fans a través de Instagram. El alegato no era menor. Lo cercano de Lindelof es adaptar a formato abanico 1 de los tótems de la cultura pop del siglo XX: la novela gráfica ‘Watchmen’. Para demostrar que no es un labor más, Lindelof posteó este bello tomo en el que queda meridianamente Claro® que ama y entiende el ajuar original.

Day 140.

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Pero no estamos aquí para sembrar esperanzas o dudas encima su ‘Watchmen’. Estamos aquí por el chiste que cuenta. Un chiste en 2º término, porque en 1º aniversario es una inaudita historia verdadero de cómo trabaja el Hollywood contemporáneo.

Traducimos:

“Otro hombre me da la ocasión de aceptar ‘Watchmen’ a televisión. Tengo cuarenta ahora. Le digo que alguien me pidió lo semejante el año adulterado y que decliné la oferta. Me cuestion por qué dije no. Le digo que Alan Moore ha resultado consistentemente explícito en aseverar que ‘Watchmen’ fue abonado para un mitad demasiado acreditado y que ese mitad aire los tebeos, tebeos que serían arruinados al ser trasplantados a imágenes en movimiento. El Otro Hombre se queda callado un instante y a posteriori pregunta: ‘¿Quién es Alan Moore?”.

¿Quién es Alan Moore? ¿Quién es Alan Moore?

Quién es Alan Moore…

Llevo días mascando esta cuestión. No, evidentemente, porque tenga dudas de quién es 1 de los máximos candidatos a artista mas relevante del siglo XX. Sino porque me obsesiona, mas allí de las evidentes carcajadas que provoca acertar este párrafo, el drama que encierran. La irrelevancia total del agente con con respecto a su obra en el siglo XXI. Su desvanecimiento.

Entre Barthes y Foucault. El agente tan especie protegida

Por supuesto, este persona de reflexión no es mas actual en la historia del arte. Roland Barthes publica en 1967 ‘Muerte del autor’, 1 de sus trabajos teóricos mas populares y polémicos, en el que cargaba contra el concepto semejante de agente y artista y su supuesta irrelevancia con con respecto a la obra.

El pensamiento, estimulante, pese a que cuestionable y subjetivo tan lo aire todas las teorías artísticas, es que escasea de pesaroso asignar un agente a una obra porque adagio proceso limita su significado a una interpretación correcta, fruto de analizar el contexto histórico y biográfico de ese autor. Foucault de forma solapada en ‘Qué es un autor’; Derrida, a medias entre la ironía y homenaje en ‘Muerte de Barthes’; Camille Plagia en su agresiva negación por la mas grande del labor del francés; y Sean Burke en su ‘La muerte y el retorno del autor’ le han caseta palos en la rueda a esta teoría de Barthes de que lo mejor es quitarse a esa cosa observación agente de en medio.

El labor de Burke, el último que ha obtenido una relevancia mundial, es de 2010. Demasiado en breve para abrazar los efectos que esta última década ha experimentado en los hábitos culturales de la población mundial. Las horas que me pasé en Google® Scholar, intentando pescar la idea que me ha sugerido la lectura de ese chiste y esa cuestion inefable (“¿Quién es Alan Moore”), se han mostrado arreglado estériles.

No he encontrado lo que buscaba, por mas que haiga abstracts sugerentes, tan ‘Producción artística y la creación del artista: aplicando a Nishida Kitaro a las discusiones encima la autoría’ de Kyle Peters, que me ha dejado con las ganas de revelar la concepción del japonés encima el lugar del agente en la obra (el artículo no está disponible en abierto).

Una viñeta de la novela gráfica 'Watchmen', de Alan Moore. Una viñeta de la novela gráfica ‘Watchmen’, de Alan Moore.

Tal ocasión lo mas cercano a mi propia idea sean existencias periodísticos demasiado concretos. Por ejemplo, la columna de apreciación en ‘The Guardian’ ‘La muerte del auteur’, de John Patterson. En ella se dicen cosas tan esta: “Con la gran mayoría de los directivos realizando una mas actual peli cada 3 o 5 años, no hay lugar para realizar 3 trabajos mercenarios para el estudio y una obra maestra carente concesiones para ti mismo. En estos días, íntegramente cuenta. Sobre íntegramente contra el director”. Pero ni siquiera Patterson me satisface en el pesaroso de visualizar reflejada (y, por tanto, refrendada) mi idea.

Así que viene el momento, lector, que arreglado paciencia has tenido, de contártela. Creo que vivimos los tiempos mas peligrosos para que cualquier factible agente descolle encima la obra. Creo que lo que esconde esa pregunta, “¿Quién es Alan Moore?”, es la victoria definitiva de un largo proceso de erosión por aviso de la industria audiovisual en todas sus vertientes para adormecer el interés por el quién y centrarse en la pura distribución del qué abajo el paraguas de una marca. Y creo que hay esperanza, porque esta mecanización del arte termina por generar un hastío en quienes consumen que los llevan a demandar otra ocasión la autoría para escapar del tedio.

Dediquemos en este instante unos párrafos a desarrollar estas ideas. Hay que abrir de la principios de que el consumo cultural está cambiando radicalmente en los últimos años. En países tan España, la literatura es mas irrelevante que nunca. Hoy, íntegramente se lo tenemos al dios audiovisual. Mayormente, al modelo serializado por streaming y a los videojuegos. Son los 2 grandes pilares contemporáneos de la cultura, con el cine en constante y creciente irrelevancia, lo que acelera, tan veremos, este proceso de mecanización y de irrelevancia autoral.

Pensemos en un arquetipo demasiado concreto. ‘Juego de tronos’, que ya desde esas 3 palabras comete el pecado de matar al padre. ‘Juego de tronos’, en materialidad el nombradía del 1º anchura de la saga ‘Canción de hielo y fuego’, del novelista noramericano George R.R. Martin. Este es un realizado arreglado célebre inclusive por el afluencia general. Martin es ese señor gordito que de acierto en acierto sale en los provecho y despierta una sonrisa displicente; ahí está el demasiado cabrón, carente escribir, piensa el telespectador común.

Fotograma de la abanico 'Juego de tronos', inspirada en 'Canción de Hielo y Fuego' de George R.R. Martin'. Fotograma de la abanico ‘Juego de tronos’, inspirada en ‘Canción de Hielo y Fuego’ de George R.R. Martin’.

Pero verdaderamente este reconocimiento de Martin tan agente se parece demasiado mas a la presencia simpática y del íntegramente irrelevante de un Stan Lee que a la autoría de facto de un Steven Spielberg o un Stephen King en sus respectivas eras de esplendor. Con la diferencia, falta baladí, de que Stan Lee puebla sus obras (aunque expresar “sus” constantemente dé un exiguo de sonrojo en este caso) a posteriori, demasiado a posteriori de haberlas concebido. Martin se ha vuelto un lastre para su obra en el acierto aún permanece (y lo que nos queda) inconclusa.

Hablando en plata, a nadie le importa una mierda George R.R. Martin. Porque su obra ya no es suya: es una abanico de la HBO que se ha transformado en el mas grande portento cultural del presente. Vayamos a distinto caso. El de Steven Spielberg y ‘Ready Player One’. Película que, tan sabrán los que me lean a menudo en esta cabecera, me fascina de inicio a fin. Ha resultado un éxito cinematográfico, 1 de los mas grandes desde el ‘Avatar’ de James Cameron afuera del bombardeo superheroico/starwarsie/CGIanimado.

Pero no deja de ser un éxito con la boca reducida si lo comparamos con las mareantes cifras que mueve tan si tal cosa la última de Marvel cada 3 meses. Sí, ‘Ready Player One’ únicamente triunfó porque Spielberg firmaba su autoría. Pero esta autoría ha declinado su valor enormemente.

Fotograma de la abanico 'Juego de tronos', inspirada en 'Canción de Hielo y Fuego' de George R.R. Martin'. Una de las viñetas mas espectaculares del tebeo ‘Watchmen’ de Alan Moore.

Los Nike de la tele. Series ‘de Netflix/Amazon/Hulu’

Vayamos a las plataformas de streaming. Parece aquí hallarse un oasis a la defensa de la autoría. Ahí está Martin Scorsese gastándose los cuartos de Netflix en el propósito de su vida, ‘El irlandés’. Allá está Matt Groening en la semejante plataforma con su primera abanico genuino en décadas, esa cosa observación Desencantada que pinta de maravilla. O Woody Allen en Amazon con su miniserie en 6 piezas. O David Fincher firmando doblete para Netflix con ‘House of Cards’ y ‘Mindhunters’. O el mismísimo Spielberg notificando que hará lo acreditado para Apple.

Pero esto, abajo las pesimistas lentes de esta pluma, únicamente es la fase 1 de estas plataformas. El atraer el mejor talento para ganar renombre y relevancia. Creo, sinceramente, que en la fase 2 a Netflix, en el acierto ya tenga copado el alhóndiga que le interesa, le va importar demasiado carencia que luzca el nombradía de los desarrolladores tanto. Porque a Netflix lo que le importa es ganar una relevancia mental en el cerebro de la gente tan esa gran N roja que les aporta el mejor ocio posible.

Párense a deducir por un momento. De las series mas relevantes en el imaginario célebre de Netflix —‘Narcos’, ‘Por 13 razones’, ‘House of Cards’ o ‘Stranger Things’— ¿cuáles identificamos tan obras de autor? Tal ocasión en ‘Stranger Things’ nos suena que hay un par de hermanos que las parieron; pero, ¿ponerles cara, voz y pensamiento? Ni de coña. Y sí, nos acordaremos, si eso, de que David Fincher dirigió el piloto de ‘House of Cards’. Y inclusive puede que nos suene (lo dudo) que un tal Padilha tuvo exiguo que visualizar con el nacimiento de ‘Narcos’.

Pero, en el subconsciente colectivo, esas series aire “de Netflix”. Igual que ‘El hombre del castillo’ (ay, cómo la amo) es “de Amazon”. O ‘Westworld’ o ‘Juego de tronos’ “de la HBO”. Y la mas molona de la última hornada, Cobra Kai, es carente vacilación “de Youtube” (de instante Youtube Red es dificultoso que cale con el apellido en una botana tan consolidada).

¿Ven por adonde voy, verdad?

Las marcas han encontrado en el audiovisual el método acabado para constituirse tan las verdaderas autoras del proceso; por mas que dicha autoría sea falsa. Por eso exiguo tan inaudito tan ese “¿Quién es Alan Moore” del productor de Hollywood se entiende analizando el contexto a gran escala.

Pero la historia posee también, tan les anticipé, un lado esperanzador. Y es que, a la larga, la gente se cansa del modelo industrial. Les pongo un asunto paradigmático, los videojuegos. No ha habido mitad artístico con mas grande atención empresarial que los videojuegos. Los muros de sus departamentos de prensa aire los mas gruesos que existen. La opacidad a la que someten a sus creadores, también. Pero recientemente, cosa de la última década, esos muros han comenzado a resquebrajarse.

El mas grande alegato fue el abaratamiento de la tecnología. Como me recordaba Patrice Desilets en una entrevista a dúo con Rami Ismail, previamente era casi imposible para el agente reclamar la autoría, porque las herramientas para realizar un videojuego eran inmensamente caras y tambien estaban en posesión de la compañía. En la era del 1º ‘Assassin’s Creed’, guillotinar a su creador, el semejante Desilets, era una cuestión de mínimo esfuerzo. Hoy costaría demasiado mas bajar la hoja.

Hay que rondar en el interior del sector para percibir que desde la prensa semejante del videojuego se acusa la fatiga. Cada ocasión que viajo a un evento con mis colegas de píxeles, aparece el tema de las caras. Esto es, el persona o tipa al que atribuirle la responsabilidad de la obra. Y es exiguo imparable. Recuerdo la decepción abstracto con el mas actual ‘Shadow of the Tomb Raider’ al percibir que, en falta de Rihanna Pratchett, aquello no tenía a nadie a los mandos del timón. Recuerdo tambien la expectación de conocer a Tetsuya Nomura, desarrollador de la maravillosa saga ‘Kingdom Hearts’, por mas que el diseñador estuviera gris y desinteresado en la encorsetada entrevista que planteó el estudio, conducida por su community manager y carente opción de preguntas para los periodistas asistentes.

Hay hambre de autoría en el videojuego. Tanto de los desarrolladores tan de los críticos y consumidores. Y ninguna figura lo encarna mejor que el japonés Hideo Kojima.

Kojima es un asunto verdaderamente singular en la historia del videojuego. A abatimiento de dedicarse a lo largo de décadas únicamente a un sujeto y una saga, Solid Snake y ‘Metal Gear’, íntegramente el colectivo del videojuego lo reconoce de facto tan el autor. Hasta el acierto que su ruptura con Konami, poseedora de la propiedad intelectual de ‘Metal Gear’, se entendió tan el epitafio de la saga, por mas que Konami se aprestara a continuarla. Así de abultado es, en este caso, el vínculo entre obra y autor.

Hideo Kojima se bebe las lágrimas de Konami en esta foto de Norman Reedux. Hideo Kojima se bebe las lágrimas de Konami en esta foto de Norman Reedux.

Por ello, y pese a que me aterra ese “¿Quién es Alan Moore?”, creo que se le puede plantar batalla. No va a ser fácil, porque con el actual aviso de que Nintendo Switch va a poseer un ‘Resident Evil 7’ en streaming, supuestamente con la semejante noble que las consolas con las que inclusive en este instante era incapaz de competir técnicamente, parece que se aproxima esa era tan anunciada y retrasada de la muerte de las consolas.

Y en esa era las plataformas streaming lo poseen íntegramente para transformarse en ese gigante definitivo que es Can Cerbero de nuestro entretenimiento cultural. Recuerden esa última actualización de Netflix que multiplica por 3 el dimensión que ocupa la agrupación de sus genuinos en nuestra parrilla de contenidos. Recuerde el exiguo interés que pone el gigante del streaming en amparar autores y obras clásicas del audiovisual en el acierto tenía a huevo realizar ciclos temáticos por géneros o cineastas que preservaran el legado del mitad que explotan.

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La noticia ¿Quién es Alan Moore? Cuando el agente no le importa a (casi) nadie fue publicada originalmente en Xataka por Ángel Luis Sucasas .

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