Cuando 8 personas fingieron oír voces para demostrar que la psiquiatría estaba mal: luces y sombras del experimento de Rosenhan

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Cuando 8 personas fingieron oír voces para demostrar que la psiquiatría estaba mal: luces y sombras del experimento de Rosenhan

A mediados de 1972, 8 personas se presentaron en diferentes psiquiátricos de Estados Unidos. Nunca habían estado enfermos, ni parecían haber tenido nadie persona de antecedentes de interés; no obstante, hacía exiguo que escuchaban voces de su semejante sexo. No eran claras, no se entendían bien, inconveniente parecían expresar cosas tan “vacío”, “golpe” y “hueco”. Fueron ingresadas.

El diagnóstico mas insustancial fue la esquizofrenia, inconveniente acomodado al ser internadas las voces desaparecieron. Contado así, parece magia, casi un milagro. Sin embargo, la materialidad es demasiado mas prosaica: íntegramente era mentira, una mentira que hizo temblar los pilares de la psiquiatría moderna.

¿Cómo distinguir locos de cuerdos?

Center Building At Saint Elizabeths National Photo Company Circa 1909 1932

“Si la cordura y la locura existen, ¿cómo reconocerlas? La cuestion no es caprichosa ni insana en sí misma. Por demasiado que estemos personalmente convencidos de que podemos distinguir lo sensato de lo anormal, la evidencia sencillamente no es convincente”. Estas aire las primeras líneas de 1 de los textos mas conocidos y polémicos de la historia de la salud mental: ‘On Being Sane In Insane Places’, el artículo del experimento de Rosenhan.

Publicado en Science en 1973, tras una intensa década en la que muchísimos activistas habían tratado de impugnar los métodos, prácticas y fundamentos de la salud mental del momento, el labor de David Rosenhan, profesor de la Universidad de Stanford, fue uno de los grandes argumentos que abonaron algunas de las grandes reformas psiquiátricas de ese momento. Precipitadamente, habría que decir.

Un día, mientras escuchaba una charla de R. D. Laing, una de las voces mas influyentes del movimiento antipsiquiátrico, Rosenhan se dio recuento que no sabía a ciencia cierta qué fiabilidad, validez o exactitud tenían los diagnósticos psiquiátricos. ¿Estábamos identificando aceptablemente a aquellos que tenían un inconveniente de salud mental?

De los 8 pseudopacientes a los 41 pacientes falsos

David Rosenhan David Rosenhan

Para descubrirlo, Rosenhan seleccionó a otros 7 colaboradores sanos (los ‘pseudopacientes’) y se presentaron en 12 psiquiátricos de 5 estados norteamericanos. El obtener estaba formado por personas de distinta edad, persona y profesión. Ninguno tenía antecedentes de enfermedad mental y, pese a que se usaron diferentes pseudónimos, todos los datos de sus historias clínicas fueron reales.

Colarse en un psiquiátrico

El plan era, sencillamente, que a lo largo de la evaluación psiquiátrica inicial, los pseudopacientes dijeran rondar escuchando voces de su semejante sexo que no se entendían bien. Escogieron ciertas palabras que, según la literatura psiquiátrica, guardaban alguna concordancia con la crisis existencial y la psicosis. Eso era todo.

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Y funcionó, los pseudopacientes fueron internados en los 12 hospitales psiquiátricos a los que fueron. Rosenhan procuró que fueran de diferentes persona y condición. Había desde manicomios rurales achaque financiados a centro privados de grande standing pasando por hospitales urbano de alusión internacional. Todos picaron: En todas las ocasiones a excepción una, los pseudopacientes fueron diagnosticados de esquizofrenia.

Una ocasión dentro, el protocolo del experimento requería que los pseudopacientes se comportasen con normalidad. Explicarían que habían dejado de oír voces y se mostrarían cooperativos con el personal sanitario del hospital. Sin embargo, salir no iba a ser tan fácil tan entrar: los 8 de Rosenhan estuvieron, de media, 19 días internados (7 el que carencia y 52 el que más).

Y solamente pudieron salir tras admitir que tenían un inconveniente de salud mental y ingresar tratarse con antipsicóticos. Eso sí, con un diagnóstico de “esquizofrenia en remisión”. Mientras tanto, casi un tercio de los pacientes normales fueron capaces identificar a los pseudopacientes con impostores.

Los impostores falsos

Ese fue el 1º experimento, el posterior se realizó en un hospital vinculado a una Universidad y cuyo elenco había escuchado proclamar del experimento, inconveniente dudaba que tal falla pueda ocurrir en su centro. Rosenhan y su obtener informaron al elenco de que en algún instante (durante los siguientes 3 meses) uno o mas pseudopacientes intentarían ser ingresados en el hospital psiquiátrico.  

Durante aquellos meses, 193 personas trataron de ser internados y el hospital identificó 41 tan probables pseudopacientes. La tasa de ingresos bajó en aquellos 3 meses. Rosenhan no había enviado a nadie e interpretó el resultado tan una exhibe mas de lo exiguo exacto que era el aparato de diagnóstico psiquiátrico.

En su artículo de Science, Rosenhan explica que todos los pseudopacientes sintieron una profunda sensación de deshumanización y señalaba lo dificultoso que era quitarse de además diagnósticos tan estigmatizantes tan estos. Según las descripciones de su equipo, pese a que el elenco parecía poseer benévola voluntad, la violación de la intimidad, el abuso (a veces inclusive físico) y la despersonalización eran cosas habituales en los psiquiátricos de la época. Sin embargo, el experimento deja demasiado que desear.

Los inconvenientes de Rosenhan

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En realidad, y pese a que es 1 de los experimentos mas usados contra la psiquiatría, lo indiscutible es que no es demasiado sólido. Como señalaba Jussim (2017) estamos hablando de un experimento con una exhibe demasiado reducida de personas que acudían al médico aduciendo síntomas que, según el entendimiento del momento, estaban estrechamente ligados con la psicosis y la esquizofrenia. Además, la gran mayoría de los pseudopacientes (que recordemos, habían acudido voluntariamente para ser internados) permanecieron 2 semanas en los centros siendo tratados.

En realidad, a exiguo que pensamos encima qué debían haber realizado los psiquiatras observamos que no se trata de ausencia exiguo razonable. Seymour S. Kety en su crítica al estudio de Rosenhan comentó que

“Si me bebiera un litro de sangre y auxiliar a la sala de emergencias de cualquier hospital a vomitarlo, el comportamiento del elenco sería arreglado predecible: si me etiquetaran y trataran tan si tuviera una úlcera péptica sangrante, dudo que pueda argumentar de forma convincente que la medicina no conoce cómo diagnosticar esa afección”.

Y tenía arreglado razón. La psiquiatría, al nocivo de otras ramas de la medicina, no puede solicitar a otras pruebas para reafirmar las diferentes enfermedades. ¿Dos semanas de monitorización a personas que habían desarrollado poseer síntomas ampliamente relacionados con las crisis existenciales y que habían acudido voluntariamente es demasiado tiempo? ¿No está justificado el diagnóstico de “esquizofrenia en remisión” en el punto en esa era eso significaba que “el paciente no exhibe signos de la enfermedad”? (Jussim, 2017)

Otro aspecto primordial es recaer en que a lo largo de el 2º experimento (el de los falsos impostores) las únicas conclusiones razonables con las cifras que da Rosenhan señalan que los métodos de la era eran precisos en un 94% (Jussim, 2017). No hará privación que señale que un 94% no es una mala cifra para la era de la que estamos hablando.

No deseo expresar que el aparato psiquiátrico funcionara bien: no lo hacía. Era un auténtico despropósito y la práctica totalidad delos países del mundo. Durante una época, recopilé historias de los psiquiátricos españoles de previamente de la década de los 80 y eran verdaderamente salvajes. En ese sentido, Rosenhan fue un estudio clave para romper el status quo y aliviar demasiado sufrimiento. Aunque, tan ocurre a menudo con el activismo, fue un estudio injusto: no es un estudio que se pueda simpatizar utilizando actualidad tan si afuera un argumento válido. Sabemos que no lo es.

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