Viajé a 1996 con mi smartphone(teléfono inteligente) y lo que pasó te sorprenderá

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Viajé a 1996 con mi smartphone(teléfono inteligente) y lo que pasó te sorprenderá
Aznar, Mourinho en el Barça y el presidente de Estados Unidos manchando vestidos de las becarias de la Casa Blanca. La Nintendo 64 y la primera PlayStation, Walkmans, Pokémons encerrados en una Game Boy.

Todo el planeta estaba hiperhypeado ante el próximo estreno de La Amenaza Fantasma y los actualidad omnipresentes telefonos móviles eran aún una rareza que comenzaba a popularizarse.  ¿Existe alguna era mejor que la 2ª mitad de los 90?

Lo mas posible es que sí que la haya. Pero tan yo soy demasiado mío, en el punto conseguí transformar un carrito de Mercadona en una máquina del asamblea tuneándolo con un sencillo condensador de fluzo conectado a una App de Android-OS en ocasión de volar a presenciar la caída de Napoleón o cómo los aliens levantaban las pirámides, me fui a 1996. Chúpate esa, McFly.

Nomofobia Attack!

Mi primera incursión en 1996 duró exactamente 5 minutos. Traté de encaramar un selfie –aunque los indígenas temporales se referían a eso tan “autoretrato”- junto a un local que no era un Starbucks a Instagram ¡pero no cargaban ni los filtros!

Nomofobia Attack!

Sudores fríos, temblores de piernas, taquicardia y respiración acelerada. El smartphone(teléfono inteligente) estaba inerte en el bolsillo, carente vibrar, carente que el LED de notificaciones parpadease. No podía ser que nadie grupo de la muerte de Whatsapp hubiera adulterado acierto rato carente remesar nadie meme idiota. Algo ocurría y me lo estaba perdiendo.

Era demasiado raro que mis grupos de WhatsApp® no enviasen memes estúpidos

Regresé dispuesto con un alargo que conecté desde mi router a través del vórtice espacio-temporal y lo conecté a una especie de sarcófago gris que la gente de 1996 llamaba “cabinas telefónicas”. Y de este modo tuve cobertura 4G inter-temporal. Sé que puede parecer que no posee demasiado sentido, inconveniente oye, funcionó.

Turista analógico

Nomofobia Attack!

Una ocasión asegurada mi cordón umbilical con la alambrada de redes, decidí realizar un exiguo de turismo por hará 20 años. Y manifiestamente hice lo 1º que hará cualquier turista: agenciárselas en TripAdvisor y en Google® Maps un lugar adonde llenar el estómago. Pero claro, tuve un inconveniente en el punto descubrí que la gran mayoría de locales que me recomendaban las App aún no existían.

Así que me acerqué a un hombre que trabajaba en una máquina expendedora gigante de páginas web impresas. Kiosko, lo llamaban. Traté de adquirír una guía de la ciudad, inconveniente me encontré con el pequeño inconveniente de que sólo llevaba euros en una era en la que se funcionaba con pesetas. El kioskero alucinó. “¡Estos aire los ecus!”, repetía.

Hay cosas que no cambian: en 1996 Android-OS Pay no funcionaba en España

Así que traté de desembolsar con Android Pay, inconveniente aparentemente en esa era no funcionaba en España. Hay cosas que de ningún modo cambian. Por suerte, el kioskero –que se llamaba Miguel- quedó tan alucinado con el smartphone(teléfono inteligente) (“¿Y esto posee PC Fútbol?”, me preguntaba) que decidió acompañarme –y abotonar el kiosko, total, en unos años lo tenía que abotonar del todo- y dejarme 5.000 pesetas. 30€ que no parecían mucho, inconveniente que aseguraba que me durarían una temporada.

El fotógrafo infinito

El fotógrafo infinito

Y llegó el instante de lanzarnos a turistear por las calles: es decir, realizar fotos. Lo que mas sorprendió a Miguel es que sacase ochenta fotos de todo, desde treinta ángulos distintos, carente preocuparme por que se acabe el carrete (de la locura que le pareció que desperdiciase preciosas instantáneas en lo de los autorretratos, ni os cuento).

¡Así alguien es buen fotógrafo!

Ojiplático se quedó en el punto vio que se podía visualizar cómo iba a quedar la foto en la pantalla previamente de realizar la foto. “¿Fotos infinitas y tambien puedes verlas antes? ¡Así alguien es buen fotógrafo!” decía Miguel.

Que suene la música

Que suene la música

Emocionado tan estaba de verme comunicarme con la gente a través de una reducida caja metálica negra con pantalla táctil, Miguel decidió invitarme a comer a su casa. La primera sorpresa es que su hijo –un mini-Godzilla con sobredosis de cafeína- quedó hipnotizado ante el smartphone. “¡Brujería! ¡Qué fácil va a ser ser padre en el futuro!”.

¡Brujería!

Miguel estaba absolutamente apabullado con íntegramente lo que podía realizar con mi reducida varita de 5,5 “ que quiso anotarse un tanto. Quiso enseñarme toda su colección de música –compuesta principalmente de CDs que regalaban con los periódicos- y tuve que contenerme seriamente para no sacar Spotify. Si llego a conocer lo que vendría después, lo hubiera hecho.

El Trivial mortal

El Trivial mortal

Ante el aburrimiento de la tarde, la mujer de Miguel sacó el Trivial para yacer una partida. Pero manifiestamente me prohibieron completamente poseer el amovible a mano. Tras años acostumbrado a agenciárselas íntegramente en Google rápidamente, no pude realizar ausencia contra un kioskero que pasaba horas y horas de labor leyendo el National Geographic y los suplementos culturales. Yo levemente había logrado el quesito naranja y él buscaba el sendero al centro del tablero.

Pero la peor aviso fue en el punto la acumulador empezó a bajar del 40%. ¡Me había dejado el recargador 20 años en el futuro! Y si en 2016 podía ser difícil descubrir un recargador USB-C, en 1996 era… bueno, mas o carencia igual. Yo veía tan el contador de la acumulador bajaba y bajaba inexorablemente, mientras las demás personas del bar disfrutaban carente preocuparse de los likes de su última foto (por cierto, la mía sólo llevaba 10).

¡Me había olvidado el recargador 20 años en el futuro!

Así que decidí meter mi amovible en el bolsillo y fundirme con el ambiente. Y funcionó. Hasta que me metí la don en el bolsillo y ¡el teléfono no estaba ahí! Corrí para pedir a Miguel que me llamase… ¡Pero en 1996 nadie tenía móvil! Así que corrí inclusive el carrito de Mercadona tuneado con el condensador de fluzo para devolver a una era adonde hubiera gadgets con la opción de descubrir mi teléfono.

Epílogo

Epílogo

El multimillonario apartó de un empujón a la mujer que la acompañaba se agachó y cogió aquel extraño dispositivo. Lo miró atentamente mientras se mesaba la rubia cabellera. Tocó un pulsador y la pantalla se iluminó, mostrando una abanico de raros iconos, 1 de ellos un pájaro blanquecino encima un riqueza azul.

“Quizá esto me permita dominar el mundo”, pensó.

La llegada Viajé a 1996 con mi smartphone(teléfono inteligente) y lo que pasó te sorprenderá surge 1º en El Androide Libre.

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