Si la nostalgia de los 80 ha resultado demasiado geek y fandom, ¿cómo será la nostalgia de los 90?

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Twinpeaks

Patrick Bateman lee un cartel encima la puerta de un restaurante; reza, en capitulares: “ESTO NO ES UNA SALIDA”. Un tal Pumpkin, con la cara de Tim Roth, le grita a una camarera: “¡Ey, garçon, café!”. Un pirata patoso esquiva con sorprendente habilidad un sablazo y espeta a su enemigo: “¡Peleas tan una vaca!”. Un policía veterano, Somerset, desembala una caja de cartón, observa lo que hay en el interior con horror infinito y echa corriendo al grito de “¡Mills, lista la pistola!”.

Un Eterno, encarnación del subconsciente colectivo que evocamos en el sueño, se enfunda una máscara antigás con una nariz de vértebras mientras espera a su muerte. Dos amantes, en la proa de un inmenso barco, extienden sus brazos tan si fueran alas, inmortales al atardecer. Un erizo azul rebota tan una ficha loca en las tripas de neón de un casino. Una rubia de apellido Spears contonea su cintura y aúlla, junto con su coro: “Hit me baby one more time”.

Todos estos momentos sucedieron en la semejante década. Los noventa, la última del siglo. Aquella década en la que los módems hacían un chirrido inconfundible. La del nacimiento de la TV por cable y el declive de los videoclubs. La de la Guerra del Golfo y Ruanda y los Balcanes. La del primer intento de tirar abajo el World Trade Center. La del Wall Street desbocado en un tsunami de coca y USD llamado 1º “exuberancia irracional” y luego, ya en el mas actual siglo, burbuja puntocom. La de Clinton, Yeltsin y Arafat. La del hip-hop y el grunge. La de Nirvana. La de Sonic contra Mario.

Nostalgia y melancolía

La cuestion que nos deseamos hacer, ahora que tenemos mas recientes Mega Drive y Super Nintendo a la vuelta de la esquina, es si los 90 pueden ser los mas recientes 80. No acierto en el pesaroso de que existan cosas que vuelvan de ellos —como esas consolas que se partieron la cara con tal intensidad que inclusive Hollywood prepara una peli del combate— tan en si la década posee el capacidad para convertirse, en sí misma, en un género. Los 80, tan demuestran series tan Stranger things, tebeos tan Locke & Key, novelas tan Ready player one o videojuegos tan el andaluz Crossing souls, ya lo son.

ready player one

Hay que comenzar por una palabra. Una bebé en esto del lenguaje, ya que únicamente recuento con exiguo mas de 3 siglos. Nostalgia —del griego νόστος (volver al hogar) y ἄλγος (dolor)— fue un neologismo acuñado en 1678 por el médico J.J. Harder para describir una dolencia universal: el abatimiento que provoca la lejanía del hogar. A lo largo del siglo XX, el concepto adquirió distinto pesaroso y perdió el matiz puramente patológico, pese a que siguió estigmatizada tan una compromiso negativa. La nostalgia moderna era ese sentimiento, insustancial a los ancianos, de que “cualquier asamblea adulterado fue mejor”. Salto al hoy, a este siglo XXI digital del que agotamos su 2ª década. Hoy para los académicos la nostalgia se ha reinventado. Ya no es ni una patología ni melancolía de la vejez. Ya no es siquiera exiguo negativo.

Los académicos hablan de la nostalgia de los postmodernos. Es la que siente un chaval de 15 años que vea Stranger things. Es un hijo de los 2000, inconveniente se siente identificado con esa era tan si la hubiera vivido a través de la ficción.

En un tomo maravilloso ya desde su título, La nostalgia ya no es lo que era, el profesor de la Universidad de York Andrew Higson se arranca con una reflexión que viene al tuétano de la cuestión: “Central al concepto moderno de nostalgia era el ejercitar melancolía, un anhelo desesperanzado por exiguo perdido e irrecuperable. Pero para los nostálgicos postmodernos, lo irrecuperable es en este instante conseguible, la desacuerdo entre el adulterado y el presente allanada. Esto es en aviso porque la nostalgia postmoderna recicla imágenes, objetos y diseños ligados al adulterado reciente, siendo el lugar por excelencia de esa operación de reciclado Internet”.

Un buceo por Google Académico nos desvela, velozmente, que Higson no está precisamente únicamente en este descomposición de cómo está cambiando la nostalgia. Hay decenas y decenas de existencias académicos alineados en este convencimiento de que estudiadas operaciones de marketing están extrayendo petróleo de esta apuro de transformar el adulterado mucho actual en un cosmos mágico y positivo.

Higson, en distinto párrafo esencial de su artículo, dice lo siguiente: “Este [revival] no posee que ser la remembranza literal y puede ser de realizado mas un recuerdo en abstracto de los tiempos pasados; es, en este sentido, un acto de imaginación”. Es decir, que la nostalgia postmoderna se reinventa el pasado. Como han realizado los hermanos Duffer en Stranger Things, entreambos nacidos en el 84. Como han realizado el quinteto de andaluces en Crossing souls, donde, si 1 busca bien, inclusive se puede revelar a Naranjito. Los desarrolladores postmodernos no están copiando los 80. Los están reinventando en principios a un feeling abstracto de lo que eran los 80.

Crossing Souls An Adventure Between Life And Death 2662647 Crossing Souls (2017)

¿Serán los 90 los mas recientes 80?

Pausa para recordar la cuestion que nos hacemos. ¿Pueden los 90 ser los mas recientes 80? ¿Hay ajuar en la cultura pop para comportarse esta reinvención que en los 80 es incansable? Antes de acudir a los 90, hay que comprender los 80. Y hay que comprenderlos en una operación de ingeniería inversa. Es decir, que para entender su reinvención presente hay que analizar 1º de dónde parten las reinvenciones. ¿Qué une a Super 8, Stranger things, Locke and key, Crossing souls y tantas otras? No escasas cosas. Algunas poseen que visualizar con el cómo del relato y otras con el qué se cuenta. Pasémosles revista.

Los desarrolladores postmodernos no están copiando los 80. Los están reinventando en principios a un feeling abstracto de lo que eran los 80.

En 1º lugar, en los 80 el protagonista por excelencia aire los muchachos. Sí, por supuesto, además los héroes musculados. Pero tan demostró una maravillosa e incomprendida película, El último gran héroe (pista, ¡es de los 90!), los musculitos ochenteros no eran mas que los muñecos de los chavales ochenteros, los avatares con los que soñaban ser en sus fantasías. La infancia, y por tanto, la inocencia, es un ingrediente fundamental de la receta.

Por distinto lado está la épica. Normalmente estos muchachos (suelen ser una cuadrilla, tan en los Goonies) se enfrentan a una gran amenaza, sea la supervivencia del 1º extraterrestre en visitarnos (E.T.) o la esclavitud de toda la humanidad (Una pandilla alucinante). Es decir, que la estructura que soporta estas ficciones es la epopeya, la épica, la gran odisea.

Por último, aire historias que se creen lo que cuentan. Este último rasgo es fundamental y marcará una desacuerdo esencial con la década siguiente. No hay ironía o rotura de la 4ª pared, tan acierto le agrada realizar al antihéroe mas taquillero, Deadpool. Estas historias intentan que nos creamos, de inicio a fin, lo que ocurre en ellas reconocimiento a ese máquina de suspensión de la incredulidad, el que posibilita emocionarnos con las mentiras que leemos, jugamos, observamos o escuchamos.

stranger things

Resumamos. El feeling ochentero que nos pintan Super 8, Stranger Things, Locke and Key y cía argot encima los niños, lo hará desde la épica y se cree íntegramente lo que nos cuenta. El máximo encargado de la fantasía de los ochenta que genera esta reinvención es un hombre: Steven Spielberg. Ya no es únicamente que dirigiera E.T. o Indiana Jones, un arqueólogo superhéroe que vive en una eterna infancia de juegos y aventuras. Los Goonies, Gremlins, Regreso al futuro o Poltergeist además llevan sus huellas.

Parece imposible que la apariencia de realizar cine de un únicamente hombre pueda ser una luz tan intensa tan para cegar los ojos de generaciones y generaciones y acaparar que asumieran que los 80 fueron lo que Spielberg hizo de ellos. Pero es así. Estos 80 que vivimos en este instante aire los 80 de un autor, Steven Spielberg.

Hay motivos para que ese delegación icónico, esa apariencia de perdurar en la memoria, se asocie a Steven Spielberg. Ya no es únicamente que sus peli sean buenísimas. Es que su apariencia de ser agente favorece inventar una mitología a posteriori. Spielberg, pese a que estaba en cada superficie que filmaba, se hacía voluntariamente invisible. Era (y es) un narrador que ponía su inmenso talento a auxilio de la historia. Y era un narrador obsesionado con el asombro infantil. En los complementari@s de Encuentros en la 3ª fase se recuento cómo consigue esa reacción de sonrisa en la tensa escena en la que un niño es abducido.

El feeling ochentero que nos pintan Super 8, Stranger Things, Locke and Key y cía argot encima los niños, lo hará desde la épica y se cree íntegramente lo que nos cuenta

El acreditado Spielberg iba sacando regalos afuera de alcoba y desenvolvía los paquetes mientras rodaba para acaparar cazar la reacción de asombro genuino de su jovencísimo actor. En el tráiler de su última película, Ready player one, ese instante mágico del joven que observa lo asombroso es captado en un travelling circular que posee toda la pinta de permanecer en la historia del cine. Y en una peli de los 90, Parque Jurásico, conseguía que el aterrador diablo de la saga La profecía, Sam Neill, conmoviera con su mirada enteramente infantil al observar por primera ocasión un dinosaurio.

Pero, ¿eran todos los grandes desarrolladores de los 80 spielbergrianos? ¿Hablaban de la bondad, de la inocencia, de los fines felices tras comportarse increíbles aventuras? ¡No! Los 80 aire además la década de Alan Moore, carente ir mas lejos. Watchmen, el único tebeo que los críticos del TIME se atrevieron a meter entre las 100 mejores obras literarias del siglo XX, es íntegramente lo nocivo a una obra de Spielberg. No hay inocencia, ni esperanza, ni fin feliz. Sí mucho sarcasmo, crudeza y tinieblas.

Si repasamos a las grandes protagonistas de la ciencia fantasía de la época, las que coparon los premios Hugo y Nebula, nos hallamos con obras tan la monumental Hiperión de Dan Simmons, Neuromante de William Gibson o El juego de Ender de Orson Scott Card. Todas ellas eran trabajos dirigidos a adultos, obras maduras, polifacéticas, que no desentonarían tan la mas reciente apuesta de una HBO, Netflix o Hulu tan su próxima abanico de persona fantástico de quálite. Otros cineastas destacados, tan John Carpenter o James Cameron, presentaron además peli mucho sombrías en esta década. Y a posteriori hay que proclamar de Stephen King. Merece un libro aparte, inconveniente tan exiguo le vamos a entregar un par de párrafos.

Parece imposible que la apariencia de realizar cine de un únicamente hombre pueda ser una luz tan intensa tan para cegar los ojos de generaciones y generaciones y acaparar que asumieran que los 80 fueron lo que Spielberg hizo de ellos

King es el reverso oscuro de Spielberg; la otra cara de la moneda. Los 2 jugaban en un persona semejante y hasta, en numerosas ocasiones, con protagonistas parecidos. En King, también, abundan los niños. Coinciden en confrontar a sus protagonistas con lo épico, con un achaque de proporciones inabarcables. Pero acierto en el a lo largo de del relato como, encima todo, en su final, Spielberg y King salen por rutas opuestas de la rotonda.

Spielberg cierra con un amanecer o atardecer que refiere la esperanza y la victoria del don encima el mal. En King de ningún modo se sabe. Y en general, pese a que venzan, los protagonistas de sus tramas quedarán mutilados física, emocional, psíquicamente o las 3 a un tiempo. Cuando no acaben directamente en un fin terrible, tan ocurre en Cujo o en Cementerio de animales.

Sin embargo, en el acierto 1 repasa lo ochentero, cuesta revelar a quien se acuerde de King tan representativo de este concepto. Y eso que sus ficciones hablan de hombres lobo, payasos asesinos, vampiros y demás criaturas a los que la cultura pop ochentera rindió constante pleitesía.

Stephen Kings It Film

Pero King trataba a sus sujetos de una apariencia tan realista que su fantasía no podía lograr esa halo de inocencia inmortal que posee el Elliot de E.T. o la cuadrilla de los Goonies. King no podía representar a sus sujetos a grandes brochazos. Necesitaba sumergirse en todas sus contradicciones, estuviera hablando de un adolescente tartamudo que perdió a un hermano o de un escritor atrapado por su mas grande fan. Y esa desacuerdo lo hará opaco, invisible, para los que desean resucitar y reinventar los 80 a lo Spielberg.

Hace unos años, en el Celsius 232, la cita principal de la literatura fantástica en España, los asistentes tuvimos la abundancia de gozar con la inteligencia y desternillante ironía de Christopher Priest. Es el agente de la novela en la que se basó la peli de Cristopher Nolan El truco final. Una de las cosas que nos contó, amén de que Nolan era “un gilipollas”, fue que a los escritores de ciencia fantasía les resultaba mucho gracioso simpatizar la evolución del persona en el cine.

Me atrevo a parafrasearlo recurriendo únicamente a mi memoria: “Es tan si estuvieras viendo las ideas que nosotros exploramos 20 años antes”. Esto quiere expresar que coexisten en las mismas décadas narradores con abordajes mucho diferentes en cada anécdota de cómo cuentan las historias. Pero en el acierto a posteriori se mira una década y se la intenta disminuir a una sensación, por acento se posee que simplificar esta variedad. Es tan pintar Nueva York o cualquier otra metrópoli de diseño yanqui. Se pinta el skyline, la silueta de sus grandes edificios. Y por el mitad se pierden muchísima complejidad y contradicciones.

Los 90 y la cultura pop

Es hora de devolver a los 90 y responder a la maldita pregunta. ¿Qué pasaba en los 90 con la cultura pop? Y, siguiendo el razonamiento de ingeniería inversa que hemos visto, ¿hay algún candidato para reinventar esta década y reducirla a una sola sensación que pueda facultar la Stranger things de los 90? Vayamos por orden, tan decía el chiste.

Lo 1º que llama la atención de los 90 es que, únicamente una década después, ya estaba sucediendo un revival de los 80. Fijándonos en los videojuegos, LucasArts, la división interactiva desarrollada por George Lucas, creó una abanico de obras que aire puramente ochenteras… en los noventa. En compañía del diseñador y periodista Diego Freire, tengo la abundancia de rondar laborando en un libro encima este estudio mítico y de haber entrevistado a todas sus figuras notables a lo largo de horas. El diagnóstico es incuestionable. Querían recrear ese feeling ochentero de las peli con Spielberg y su camarada Lucas de por medio. Esas historias locas, inocentes y coloridas que ofrecian para tan estupendas carátulas de VHS.

No eran los únicos. En una estupenda entrevista-relato de Polygon, Andy Gavin, 1 de los desarrolladores del mítico Crash Bandicoot: “Bebimos de ese mucho grande manantial de la cultura pop, que incluía cualquier videojuego de éxito, y las peli de los ochenta: ‘En busca del arca perdida’, ‘Regreso al futuro’, ‘Los goonies’ y los dibujos animados clásicos. Eso es Crash: un popurri de unos tipos que crecieron en la cultura pop de los 80, de sus juegos, series, comics y dibujos animados”.

Y si 1 repasa el catálogo de Super Nintendo en Mega Drive en sus títulos mas destacados, verá un popurrí de héroes y estéticas chillonas que casan exactamente con los 80. Los nostálgicos postmodernos que serían descubiertos en los 2000 por los académicos ya estaban en pleno funcionamiento. Y el videojuego fue 1 de los máximos responsables en abrir la veda de su preservación tan cosmos mítico.

Terminator 2 3d

Pero regresando a las películas, se dan fenómenos tan curiosos tan el de Terminator 2. James Cameron, que en su primera da había entregado una peli fría tan el metal, aterradora, se spielbergrizó en la segunda. Añadió un niño, el joven John Connor, y convirtió al villano implacable de la primera aviso en su camarada inseparable. Hay un instante en la cinta en la que Connor, tras realizar saltar a la pata coja al T-800 de Schwarzenegger, dice: “Guau, tengo a mi acreditado Terminator”. En otra secuencia, únicamente disponible en la estampación extendida, lo hará sonreír.

De Schwarzenegger a Schwarzenegger para dedicar unas líneas mas a El último gran héroe. El argumento de la peli aviso de una idea genial, me juego un brazo que inspirada por Charlie y la fábrica de chocolate: existen unos tickets dorados que permiten romper la barrera insalvable de la gran pantalla y trasladarse al planeta de fantasía que hay al distinto lado. El jovencito Danny Madigan es la metáfora perfecta. Es un niño que consigue comportarse los 80 junto a su héroe favorito: Jack Slater.

Así que, para empezar, los noventa, en no escasos arquetipos esenciales de la cultura pop, aún eran los 80. ¿Pero había alguna tendencia abstracto en los 90 que calara? ¿Algún acierto en insustancial que asociara a diversos autores hablando de lo mismo? Sí a ambas.

Un sentimiento insustancial en los 90 es el cinismo y, accionista a él, la ruptura del pacto de ficción. El que seamos mucho conscientes de que lo que estamos viendo, leyendo, jugando, es ficción. El rey de este cinismo es Quentin Tarantino, que con su Pulp Fiction consiguió una peli y unos sujetos que se originaron icónicos y universales. La desacuerdo entre su logro y el de Spielberg es que el de Tarantino no trasciende de su persona. Spielberg moldeó lo ochentero, inconveniente su creatividad ha dejado área a que otros artistas revisiten las mismas emociones y argumentos carente la apuro de copiarle.

Un sentimiento insustancial en los 90 es el cinismo y, accionista a él, la ruptura del pacto de ficción. El que seamos mucho conscientes de que lo que estamos viendo, leyendo, jugando, es ficción

Lo tarantinesco, que existe, se agota en una mera réplica de juegos de ruptura de la 4ª pared y de formas de proclamar de los personajes. Es tan genuino a su padre genuino que no posibilita el nacimiento de un persona a abrir de él, únicamente su pastiche. Los otros practicantes de esta fantasía consciente de la referencia, tan Kevin Smith, poseen el semejante problema. El cinismo es achaque camarada de la nostalgia. Y curiosamente los ochenta forman aviso mucho primordial de las pinceladas de inocencia que poseen sujetos tan los de Smith.

Por distinto lado, los 90 estaban obsesionados con la deshumanización plasmada en una figura mucho concreta: la del psicópata. Ahí están los fatalities del Mortal Kombat, que permitían arrancar el corazón de nuestro contrincante o su cabeza junto con su médula espinal. Ahí están además los John Doe, Hannibal Lecter o Patrick Bateman. Ahí está Deadpool, que nació en 1991 y mucho en breve empezó a hablarle de tú al catedrático entre barbaridad y barbaridad. Y ahí está, otra vez, Jack el destripador, que reconocimiento a la monumental Desde el infierno de Alan Moore se osaba a afirmar: “Yo soy el padre del siglo XX”.

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Esta tendencia de sujetos oscuros, psicóticos, despiadados ha tenido continuidad. Algunos se han realizado manifiestamente icónicos, tan Hannibal Lecter, que pese a que había tenido una peli en los 80 no marcó huella indeleble en el subconsciente colectivo inclusive la encarnación de Hopkins. Pero esta tendencia en sí no puede generar un persona tan lo ochentero. Porque sería pedir al afluencia y los desarrolladores que se identificaran masivamente con los psicópatas. Si Patrick Bateman, ese abisal yuppie de Wall Street, es candidato a espíritu de los noventa, dificultoso lo dispondra para generar un revival masivo.

Y hay una 3ª tendencia que botana los 90 y que nos regresa a entregar pistas con respecto a nuestra pregunta: el multiculturalismo. Los 90 fue la década en la que irrumpió con acento la concepción de la identidad. Si el símbolo de lo homogéneo eran las modernas pirámides, las torres gemelas y Wall Street, el multiculturalismo trató de reventar este estatus quo a través de el reconocimiento de la heterogeneidad y del adulterado cultural del crisol de razas que habitamos las ciudades contemporáneas.

Los 90 estaban obsesionados con la deshumanización plasmada en una figura mucho concreta: la del psicópata

Esto posee tan consecuencia que cuesta homogeneizar mas esta década, porque es la rampa de salida de esa cultura de lo heterogéneo, lo diverso y además lo desconcertante que vivimos en los 2000. El percatarse de la apuro de reafirmar la identidad propia tuvo tan irónica consecuencia que se hará mucho mas dificultoso revelar pilares colectivos para esa identidad.

Nadie puede negar que existieron obras perdurables e inolvidables en los 90 con manifiesto continuidad. Ninguna posiblemente tan Twin Peaks, que fascinó a íntegramente el planeta con su horror weird en cóctel con el costumbrismo y el melodrama y que en este instante está culminando tan una de las mas grandes obras maestras, destino la mayor, de la fantasía televisiva. Pero estos esfuerzos no configuran ese paisaje insustancial que sí se percibe en los 80. Las peli ochenteras dan la sensación de rondar sucediendo en el semejante lugar, tan si John Connor y Daniel LaRusso pudieran ser vecinos. Como si todas esas ficciones compartieran un cosmos común. Twin Peaks, Pulp fiction y Se7en no encajan entre sí. No describen el semejante mundo.

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Por íntegramente esto, y porque hay que lanzarse a la piscina, me atrevo a contestar a la cuestion que plantea el titular. No. No nacerán unos 90 tan tenemos los 80. Y sí, había exiguo especial, universal e irrepetible en una porción de historias de esa era que ha atrapado a generaciones y generaciones de artistas. Y los sigue atrapando. Creo que, para cerrar, no se me ocurre mejor apariencia que el recuerdo de aviso de mi conversación con los artistas del videojuego castellano Crossing souls.

Me contaron que la concepción de este anuncio partió del desánimo ante la privación de futuro que nos dejó a los españoles la crisis, de la apuro de refugiarse en la inocencia de la infancia. Inocencia que venían representadas por este recuerdo a medias verdadero y a medias inventado de lo que eran los Goonies, Regreso al futuro, E.T. y todas las demás. Cuesta pensar, viendo la energía y noble de obras tan Stranger things o Locke and key, que ese sentimiento vaya a ser desbancado en el mitad plazo por otra década. Los 90, me la juego, no podrán. Su identidad no es tan diáfana o inspiradora tan para permitirlo. Y creo que con los 2000 y 2010 pasará lo mismo. Habitamos el desconcierto. Y por eso nos apropiamos y reinventamos un adulterado que sí se nos antoja Claro® y comprensible

Bruce Springsteen lo expresa de admiración en los primeros versos de una canción noventera, Las calles de Philadelphia (1993):

Estaba amoratado y maltrecho, no podía expresar qué sentía.
Era irreconocible para mí mismo.
Vi mi reflejo y no pude reconocer mi propia cara.

El de los 80 de ningún modo lo olvidaremos.

El fantástico castellano opina

“Por supuesto. De hecho, creo que el ‘revival’ ya está en marcha. ¿Qué es destino ‘Jurassic World’ o el rescate de mitos de los 90 tan Winona Ryder o los propios Mulder y Scully? En ‘Scream Queens’ hay un sujeto que vive atrapado en los 90, sólo oye canciones de esa época, sólo viste tan entonces, sólo inclusive ‘habla’ tan entonces. De hecho, toda esa abanico es en sí puro revival de los 90, sólo que enteramente transfigurada: los papeles que habitualmente correspondían a los hombres aire en este instante de las mujeres – el padre es el padre soltero y sentimental, la hija es la hija aburrida del padre soltero y sentimental, la canción por la que empieza íntegramente es el ”Waterfalls’ de TLC… –. No sé, yo diría que el ‘revival’ ya está aquí, sólo que si su abordaje aún no es tan manifiesto es sólo porque los que consideraron esa era su era aún aire mucho jóvenes para que la industria del ‘mainstream’ confíe en ellos tan confía en Ryan Murphy”.

Laura Fernández, autora de Connerland.

“Para que una determinada edad cultural inspire a quienes la vivieron o inclusive a quienes no lo originaron un sentimiento nostálgico, es indispensable que se perciba esa era tan un asamblea mejor. Sin embargo, frente el espíritu naif, luminoso con que se nos ha invitado a recordar los 80, ausencia mas opuesto que la visión cínica y descarnada de la existencia humana que brindan peli emblemáticas de los 90 tan ‘Se7en’, ‘El silencio de los corderos’ o casi íntegramente Tarantino. Cine de altura, inconveniente en inicio mas propenso a admirarse que a añorarse”.

Rubén Sánchez Trigos, académico, guionista y agente de Los huéspedes.

“Si hablamos de literatura, veo dificultoso un revival noventero fundamentalmente por 2 razones: una aviso primordial de la década siguió alimentándose de tendencias ochenteras y la otra se repartió entre el tecnothrilller con elementos magufos persona Robert J. Sawyer y los inicios del transhumanismo. Fue mas don una era de transición que otra cosa. Eso en el estado internacional. En España la cosa fue un exiguo distinta: fue el despegue definitivo de la ciencia fantasía española tan persona maduro y consciente de sus posibilidades”.

Rodolfo Martínez impresor de Sportula y agente de Los archivos perdidos de Sherlock Holmes.

Webs de nostalgia noventera

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La noticia Si la nostalgia de los 80 ha resultado mucho geek y fandom, ¿cómo será la nostalgia de los 90? fue publicada originalmente en Xataka por Ángel Luis Sucasas .

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