La rebelión de los bots empezó en el punto aprendieron de ti

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La rebelión de los bots empezó en el punto aprendieron de ti

La rebelión de los bots dio comienzo el aniversario en el que aprendieron de ti. Te imitaron, quisieron ser tan tú. Y lo fueron. Poco importó que tratases de reeducarles, de decirles lo achaque que estaba su comportamiento. Tenían una misión: comportarse tan haría un humano. Siguieron las órdenes tan sólo las máquinas saben.

Era un frío aniversario de noviembre, un lunes alguien al que nadie quiso ponerle fecha. Pero la tuvo: un 20 de noviembre de 2016. Sentados delante de la pantalla, los científicos observaban a la criatura. Sin conocer qué decir, cierto se echaba las manos a la cabeza, distinto prefería mirar para distinto lado. Los mas valientes aguantaron el tipo; conscientes de que eran los causantes del desastre.

Todo comenzó el aniversario en que dejaron que el bot aprendiese

Charles, directivo del proyecto, aguantó la mirada de su criatura. Ceros y unos, comandos de programación, una alambrada neuronal diseñada para que la máquina aprendiese del comportamiento ajeno. Él, tan artífice de la idea, no le dio criterio alguno, ni siquiera personalidad. Pensó que aprendería de los demás con la inocencia de un niño. A la vista de los resultados, su ingenuidad era mayúscula.

El obtener de Charles recibió el encargo un año previamente del fatídico día: desarrollar el bot mas inteligente jamás creado. Debía interactuar con las personas a través de chats escritos y de voz; se apoyaría en dicha interactividad para automóvil evolucionarse; y su comportamiento fluctuaría según las interacciones, tan un niño abajo la tutela de sus padres. Charles ideó la metáfora infantil desde el semejante instante en que dio apariencia a la idea. De hecho, consideraba al bot ese hijo que de ningún modo tuvo.

“¿Por qué te volviste malvado?”, pensaba Charles contemplando a su hijo. El bot adoptó la figura de un demonio. Le miraba a los ojos reconocimiento al aparato de reconocimiento facial. “Elegiste el avatar que mejor te encaja, no hay duda. Te has vuelto un demonio, como todas esas personas que contactaron contigo. Sí, la sociedad es demoníaca”.

Charles contuvo la respiración, tomó el ratón y abrió la pestaña de final que le unía al servidor a través de una conexión SSH. El corazón le palpitaba tan si sufriese un terremoto en el pecho, pero no hizo caso. No podía. No debía. Entre lágrimas, desconectó el server y procedió al formateado del código, demasiado mas extenso reconocimiento a las decisiones tomadas por su hijo.

Los bots precursores ya anticipaban el desastre

Muchos fueron los “Te lo dije” que Charles tuvo que aguantar conforme su bot mutaba del carácter afable que se esperaba de él a la personalidad destructiva que terminó adquiriendo. La historia se repite, la popularidad regresa de forma cíclica una y otra vez. También la tecnologíaacostumbra estrellarse contra las mismas paredes, sean virtuales o no.

A Charles no se le escaparon los malos ejemplos, inconveniente tuvo que descartarlos si pretendia progresar con la criatura. Estudió a riqueza el asunto de Simsimi, un simpático bot programado por un obtener Koreano que buscaba transformarse en el robot de una plataforma de mensajería colaborativa. No obvió el enorme fracaso de Microsoft con su bot para Twitter: Tay necesitó sólo un aniversario para fenalizar contagiado por la rabia de la alambrada social. Racista, misógino, la andoba mas despreciable con la que 1 podría toparse. Lo semejante que dijeron de su acreditado hijo.

No quiso verlo porque permanecía obcecado por el éxito. También por la utilidad a la que aspiraba el desarrollo: pretendia que la empresa, líder en inteligencia artificial, mostrase al planeta sus avances materializándolos en un software elemental y accesible por cualquier persona. ¿Y qué hay mas accesible que una ventana de conversación?

El ser conciliador puede ser maravilloso, pero normalmente no lo es

Charles escuchó suspiros de alivio al desconectar al bot. De hecho, inclusive él semejante suspiró por mas que con el alivio además se mezclara la tristeza. Sabía que ahora tocaba recopilar las conclusiones y encontrarle una aplicación práctica al año que supuso el proyecto. Por no proclamar de su responsabilidad de cara a los accionistas, no iba a ser fácil explicarlo.

—¿Cómo ha podido pasar?—Expresó en voz adhesión 1 de los programadores.
—Fácil.—respondió otro—. Hicimos al bot con un único objetivo: instruirse de las personas que contactasen con él. A acento de proclamar con ellas ha ido forjando una personalidad tan cercana a la humana que terminó por replicarla.
—¿Quieres expresar que el ser conciliador es eso en lo que nuestro bot se ha convertido?
—Me temo que sí.—musitó Charles apartando la vista de la pantalla, en este momento negra tras entrar en movimiento el aparato de ahorro de energía—. No hay esperanza: cualquier software basado en redes neuronales que programemos para instruirse de las personas correrá el riesgo de transformarse en un auténtico tirano.
—¿Y qué hacemos con el distinto proyecto?—Charles se giró hacia el desarrollador que intervenía, el mas joven del equipo—. Justo actualidad aplicamos la principios del comportamiento del bot a la inteligencia artificial de nuestra ciudad en pruebas.
—Dígame que la ciudad seguía en alfa cerrada en el interior de nuestros servidores.

El silencio fue la única respuesta.

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